Grita por la Justicia

Pasando las hojas del Evangelio, uno puede decirse: -que las palabras de Jesús son un poco como una carta muy antigua, que fue escrita en una lengua desconocida. Sin embargo, la trayectoria de la vida de Jesús se expresa en esos párrafos densos y profundos que hay que leer repetidamente para entender el grito de Jesús por la justicia y el amor al prójimo. El ciego Bartimeo, extendiendo las manos, busca el camino hacia Jesús, y grita Hijo de David, ten compasión de mí. Jesús se detuvo y le preguntó, ¿qué quieres que haga por ti? El ciego le respondió: Maestro que yo pueda ver, Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado.

El Señor grita a través de nosotros y nos invita a extender la mano al encuentro de esa otra mano para que ambas, con necesidades diferentes, se encuentren y se entrelacen.

 Justicia:- principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.

La justicia, una de sus acepciones, es un valor determinado como bien común por la sociedad.

La familia, como fuente principal que imparte e inculca valores que comparten sus miembros, es un campo de creatividad que ha de ser respetado y protegido. El entendimiento, respeto y justicia constituyen el núcleo básico de la familia.

Grito: por un hogar que disponga de una repartición justa y equitativa de los bienes y servicios básicos necesarios para el desarrollo y el desenvolvimiento de una persona en la sociedad:- educación, salud, trabajo, derechos humanos.

Grito: por los niños, obligados a trabajar desde su temprana edad, sin oportunidades de disfrutar de su propia infancia, sin estar matriculados en ningún centro escolar, caminando desorientados por las calles en busca de supervivencia.

Grito: Por los escolares que sufren el fracaso e incluso acoso, que por desgracia, está de tanta actualidad. ¿Por qué a mi?, ¿Por qué no me quieren? Este es mi pequeño y lloroso grito ¿Quién puede ayudarme?

Grito: Por las personas con facultades disminuidas, tanto físicas como mentales. Si tú juzgas a estas personas, no tienes tiempo para amarlas. Descubrirás la paradoja de que si tú las amas hasta que duele, puede no haber más dolor, sólo más amor.

Grito: Por las víctimas de la violencia. La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis, sino el sentimiento de no ser reconocido. El silencio favorece las malas prácticas en estas situaciones tan dolorosas.

Grito: Por las personas mayores que sufren soledad, falta de cuidados y afecto. La pobreza más terrible es la soledad y el sentimiento de no ser amado, de aquí se desprende mucha tristeza.

Grito: por los que sufren el paro, precariedad, accidentes laborales... El recorrido de la vida nos pone en situaciones que parecen no tener ninguna salida, produciendo así desilusión y dolor, que afecta no solo a las personas que lo padecen sino también a su entorno más inmediato.

Grito: por las personas migrantes, por quienes se ven obligados a abandonar su país, su casa, por causa de la guerra, el hambre, la falta de oportunidades. Cada vez que sonríes a alguien, es un acto de amor, un regalo a esa persona, una cosa hermosa.

Grito: por las personas empobrecidas de todo el mundo donde la justicia social debe tomar partido. Hay más hambre en el mundo por falta de amor que por pan. Con el amor a tus semejantes caminan muchos valores sociales y cristianos.

Hay que gritar y se puede hacer de muchas formas, cada uno ha de encontrar su manera. Desde la fe y el tiempo compartido con los demás, aun siendo poco, se puede lanzar un grito limpio a la esperanza de justicia:

  • Abandonando la zona de confort y abriendo el corazón a la luz de la vida.
  • Preocupándose de las personas que están enfermas, viven solas o con dificultades.
  • Siendo voluntario en alguna asociación o entidad sin ánimo de lucro.
  • Apoyando a los niños con problemas de aprendizaje o de integración.
  • Trabajando en la parroquia, en asociaciones de mi barrio, pueblo, acogiendo con cariño a las personas     que vienen de otros países.
  • Defendiendo los derechos humanos
  • Y es así como se pueden ir sembrando semillas de justicia. Esto es una realidad muy sencilla vista desde el amor a nuestro Señor. Dios Padre entiende la justicia como amor.

El canto nos enseña:

Nos queremos como hermanos,

porque Dios es nuestro Padre,

su casa es la tierra entera,

 y fuera no queda nadie